miércoles, abril 16

En nombre de la solidaridad


Valparaíso duele ahora, duele como tantas cosas en Chile. Lo terrible de esto es que finalmente eso por lo que todos los chilenos y chilenas nos sentimos orgullosos es nuestro talón de Aquiles. Nos hacemos tanto daño a nosotros mismos en nombre de la solidaridad. 

Si veo las noticias, veo el despliegue de chilenos y chilenas que ayudan libre y espontáneamente a sus compatriotas, y es emocionante como los centro de acopio se llenan de ropa,pañales, agua, alimentos para quienes sufren hoy una tragedia; pero por lo mismo no puedo dejar de pensar que esa misma solidaridad nos ha traido hasta aquí, porque ese es el punto en donde descansan las autoridades y las instituciones, por eso no hay políticas ni políticos de contingencia, por eso las instituciones salen limpias de manos, porque saben que siempre los chilenos ayudaremos al otro, porque así debe ser según nuestra educación popular, porque somos solidarios, porque "verás como quieren en chile al amigo cuando es forastero" porque "tu problema es mi problema" porque "levántate papito vamos a ayudar" porque siempre es el mismo ciudadano común y corriente el que se mete la mano al bolsillo y saca lucas de su ajustado presupuesto para dar al otro,porque siempre es la misma dueña de casa que abre su escuálida despensa y entrega un paquede de fideos o arroz para el otro con rostro de catástrofe. Entonces es cuando uno se pregunta dónde estan las instituciones y nuestros honrables y la respuesta es tan lógica, las instituciones y nuestros honorables están justamente allí, al lado nuestro descansando, abanicándose con nuestra profunda empatía; entonces es cuando imagino ¿y si un día decidiéramos dar la espalda?, ¿si un día armáramos barricadas en todo el país porque exigimos políticas serias de contingencia para catástrofes?, ¿si un día nos aburriéramos de dar y nos pusiéramos a exigir en serio? quizás quién sabe las cosas cambiarían.

miércoles, noviembre 6

De políticos y príncipes azules

           Si tuviésemos que escribir un cuento sobre la política nos defraudaríamos o por lo menos al lector lo dejaríamos aburrido y con ganas de hacer cualquier otra cosa; porque ciertamente a nadie le gusta mucho la política, y es que, claro, son unos ladrones y unos vende patria y unos villanos insensibles; eso hasta que algún personaje osa rozar nuestra epidermis de empatía, entonces nos agitamos, prestamos atención, nos volvemos absolutamente locos, comenzamos a temblar, a pensar en él como un ser que supera nuestras expectativas y lo encontramos encachao y lo defendemos con dientes y muelas y comenzamos a idealizar y la cosa se comienza a poner divertida, porque ya la discusión no es política sino personal, familiar, íntima y cuando se pone íntima se pone wena y nos quedamos pensando en los cuentos de hadas en donde llega el caballero y nos salva de tanta cosa fea y con un solo beso nos devuelve el mundo que nos robaron.
Si, es cierto, es una caricatura, pero no está tan lejos de la realidad, porque después de todo las elecciones nos sacan de nuestro quehacer rutinario, elegir o votar a una persona es una cuestión importante, pero no es lo primordial, lo primordial debe ser siempre el debate, debe quedarse en el debate en el don de compartir, discutir ideas sin fanatismos exorbitantes, porque quienes se presentan a candidatos llevan consigo una idea que defienden y nosotros podemos o no estar de acuerdo, pero la cosa se faranduliza rápido, se queda en acusaciones bobas como si trabajó o no para pinochet, como si tiene o no tiene una familia ,como si paga o no paga sus deudas, como si se acuesta con una más personas, etc etc etc... el asunto es que finalmente esta fuente de agua no era más que un espejismo, porque a nadie le importa la política, la discusión de ideas, a nadie le interesa razonar, analizar, observar, superar la desidia de pensamiento y digo que a nadie porque claramente si la cosa fuese distinta otro gallo cantaría, veríamos debates coherentes en la televisión, exigiríamos al periodismo un mejor nivel, conversaríamos lejos del miedo y de la burla, admitiríamos cuando el otro tiene ventajas argumentativas por sobre las nuestras.
Hace años atrás surgieron varias críticas al Movimiento Estudiantil por politizarse, hoy en día estamos la gran mayoría de los chilen@s politizados y supongo que es una cuestión normal, porque a nadie pareciera molestarle, sin embargo esta elección pasará, nuestro príncipe azul se alejará montado en su corcel y nos dejará sólo con la esperanza de un reencuentro en 4 años más, y el 18 de noviembre todo volverá a la normalidad, a los titulares insulsos, a la televisión de burdel (con el respeto que estos me merecen), al periodismo flojo, al insomnio y no es que diga que en esta época de elecciones hayamos salido de ese lugar viciado, es que creo, humildemente, claro está,  que este es el momento para comenzar a concretar el pilar que nos llevará a recuperar la nunca bien ponderada dialéctica.

jueves, noviembre 8

Reflexiones de una mamá primeriza

De pronto dos palabras, casi mágicas, pasaron a formar parte de todos los hospitales, clínicas, salas cunas, consultorios y todo lo que tenga que ver con bebés y niños de este país, dos palabras mágicas “Estimulación Temprana” y cada vez que las mamás llevan al pediatra y a los consultorios a sus hijos les dicen: tiene que estimularlo, tiene que hablarle a su bebé, tiene que escuchar música su bebé, tiene que acariciar a su bebé, su bebé tiene que aprender a dormir con ruido, su bebé tiene que jugar con juguetes, tiene que reírse su bebé, usted tiene que ESTIMULAR A SU BEBÉ; entonces claro, sale la madre del consultorio muy concientizada en la Estimulación Temprana y llega a su casa, y le prende la tele al bebe, le pone música al bebé, juega con el bebé, acaricia al bebé, le hace soniditos al bebé y el bebé no sabe a qué diablos prestarle atención, porque son cientos de estímulos al mismo tiempo, entonces el bebé aprende a ignorar y deja de concentrarse, porque es imposible concentrarse en tantas cosas a la vez. Entonces ese bebé crece aprendiendo a ignorar y da lo mismo si hay televisión, música, juegos, personas hablando a su alrededor, da lo mismo porque ese bebé nunca supo identificar sus sentidos en función de los estímulos, ni a investigar sus sentidos, pues, como llegaban todos los estímulos al mismo tiempo nunca aprendió a conocer su cuerpo ni a REFLEXIONAR frente a los estímulos entregados y el bebé creció mucho más y llegó a la escuela en donde le diagnosticaron déficit atencional; su niño no se concentra señora, su hijo no puede quedarse quieto señora, entonces el niño pasa la infancia en las consultas psicológicas tratando de superar el problemita del déficit, pero aunque el problema del déficit quizás se aminore por la madurez y quizás logre concentrarse cuando sea más grande, el bebé bombardeado de estímulos será incapaz de meditar en la adultez, porque nunca se le dio el espacio para hacerlo, nunca tuvo pausas para pensar, siempre fue una “esponja absorbente” con la que todos se deleitaban “mira! si es tan vivo” decían, si está tan bien estimulado decían y cuando finalmente llegó a la adultez formó parte de la gran masa de personas que en la infancia fueron bombardeados por estímulos y que consecutivamente no critican (entiéndase en el sentido más amplio de la palabra, por favor), no saben hasta donde llegan sus capacidades intelectuales o físicas porque nunca tuvieron el espacio para aprenderlo. Y lo que es más curioso aún es que de adulto lo siguen tratando como “esponjita absorbente” la publicidad, la televisión, la educación, todo, absolutamente todo funciona de la misma manera, un estímulo tras otro dirigido a una gran masa de seres humanos incapaces de parar, mirar, escuchar, respirar hondo y reflexionar.

No es que sea drástica, tampoco que esté en desacuerdo con la Estimulación Temprana, solo creo que es necesario pensar en los niños como seres humanos únicos y que por muy pequeños que sean necesitan, como nosotros lo necesitamos, un espacio consigo mismos, sin mamá, sin papá, sin personas a su alrededor, solo ellos con su propio otro.

….. Todo esto a raíz  de lo conmovida que vi a Stella ayer cuando salimos al patio mientras el viento fuerte y tibio de noviembre rozaba igual de recio los árboles como su pequeño rostro… 

domingo, junio 17

Mínima Dosis

“Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento”
Tango (Naranjo en flor)

Dos meses antes de su muerte encontré por fin el primer film de Pina Bausch, y hasta donde tengo entendido el único “Die Klage der Kaiserin” (El lamento de la Emperatriz); lo revisé detenidamente, observé cauta cada movimiento, cada pedazo de cuerpo humano moviéndose a tiempo y a contra, pero hubo una imagen que me cautivó, que me sostuvo presa del casi sortilegio por varios minutos, una tela blanca agitándose por una mujer sin rostro sobre un fondo negro, luego Pina Bausch en una suerte de pecera quebrándose doliente y bella frente al lamento del agua; recordé enseguida un verso de Malú Urriola que adoro hasta estos segundos: “…Y por cargar este deforme destino he aprendido a desprenderme de las gentes / como se desprenden las plumas de los pájaros, las palabras de las palabras y las hojas del viento.”. Y es que creo que la misma esencia poética hay en “Bracea” (LOM, 2007) y en ese fragmento del film de Pina Bausch, ese querer huir a fuerza de pura rabia y melancolía, esa pequeñísima fracción de segundo en que el desequilibrio es refugio sublime; porque querámoslo o no, es lo único verdadero que nos va quedando.
A medida que me voy adentrando en la lectura de “Bracea”, voy encontrando ese desequilibrio, esa bondad mágica de la palabra descarnada, de las imágenes vueltas a los ojos desnudos, para abofetearnos en la mirada débil “Cuando la vi supe con esa certeza incierta que era un reflejo de esta vida que he sobrevivido, escuchando risotadas a mis espaldas, mientras me alejo caminando con mis tres piernas”. De pronto, y casi sin darme cuenta, estoy envuelta en un mundo sorprendente, acá no hay seres mitológicos, aunque bien podrían serlo, hay personajes y situaciones monstruosas sobrellevando un cotidiano que aterra pero que de igual forma conmueve.  Hermanas siamesas compartiendo un corazón, un hombre con medio cuerpo y otros con una tercera pierna, dos madres y un padre, un perro moribundo tras la furia del tren; imágenes paralelas a la línea de la belleza, todo un mundo hermosamente perturbado por la fracción de segundos que hace de la locura la perfecta esquina para situarse a observar las páginas de este libro; y es que hay que distanciarse de la razón, hay que huir de ella como huyen las perdices del ojo humano, sólo de esa forma nos reconoceremos  en la poética de este libro “La vida es un animal que muta todos los días. Y una piensa que los días son los mismos, iguales. Pero yo veo a la vida todos los días y casi nunca un día ha sido igual a otro. Ni una noche, ni una tarde”.
Es igual que en ese fragmento de la película de Pina Bausch, es esa misma sensación de espanto y ternura; es sólo el acto de quedarse con la pupila pegada a un movimiento y saber que ese mínimo espacio contiene todo el delirio aprisionado en el cuerpo. Una mujer sin rostro hace girar en ella misma una tela blanca sobre un fondo negro. Una bailarina quiere terminar de danzar en el agua detenida de una pecera. Unas hermanas siamesas conocen y prueban el amor, la pena, el desarraigo. Dos niñas buscan igual que la bailarina ese sueño de agua, volverse líquida por un instante y bracear y fluir en la voluptuosidad “Nuestro cuerpo es como un corcho abandonado a los requerimientos sensibles de las aguas./ Nada tan desconocido, tampoco. La vida en tierra también me hacía flotar como una hoja abandonada a los requerimientos de la vida”

Bracea de Malú Urriola y Die Klage der Kaiserin de Pina Bausch llevan consigo esa senda dibujada de la gota de lluvia en la ventana, el camino imaginado que se debe seguir por lo menos una vez en la vida para después andar sin pensamiento, como propone el tango, hay que adentrarse sin miedo al desequilibrio, hay que beber una mínima dosis de locura, sólo en ella es posible reconocerse en los espejos de medianoche, sin temor al puñetazo en mitad del pecho.

Texto publicado en Revista Babuino. 2011

viernes, mayo 18

De la ausencia de los gatos



En medio del jardín eras silencio
mi pequeña bestia guardadora de secretos  
A veces me quedo sintiendo tu presencia
y te admiro
porque fuiste hermana hembra profunda y honesta
te admiro



martes, noviembre 29

En defensa de la selva valdiviana, aproximaciones escultóricas para transitar otros caminos



Abordar una temática como la naturaleza en el arte suele ser repetitivo, un lugar común en donde lo figurativo es igual a nada, pensando que nada es igual a sin intención; entonces se piensa en ese verso tan renombrado de Huidobro, para qué cantáis la rosa oh poetas/ hacerla florecer en el poema... lo cierto es que hay veces que lo figurativo cansa, pero hay otras en que realmente deslumbra, conmueve.
Por la tarde del jueves 17 de noviembre se inauguró la exposición de esculturas; En defensa de la selva Valdiviana de Angélica Romero; a primera vista muchos animales, ojos enormes, colas, orejas, colores de maderas, olor a mañío, laurel, alerce; ya en un segundo paso la interacción es inevitable, tocar, acariciar, olfatear, sentir cada espacio de la gubia en los pliegues de las maderas expuestas. Entonces se hace necesario reflexionar en torno a la creación, a esa creación secreta, íntima, que nace en las cuatro paredes de un taller, porqué el único conductor que existe entre la intencionalidad del artista y el espectador es la emocionalidad que transmite el objeto artístico, por lo menos es lo que se pide cuando se entra a una exposición o se escucha un disco musical o se lee un libro. “El artista es la mano que, mediante una y otra tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana.” estableció Kandinsky hace varias décadas atrás y es eso lo que justamente encontramos en las esculturas de Angélica Romero porque no solamente vemos reproducciones de figuras animales, si no que visualizamos respeto, denuncia, entrega, valentía y compromiso con toda la energía natural que nos envuelve, y es que no hay que olvidar que habitamos Valdivia, que convivimos con hualves y frondosidades fantásticas y de eso hay que hacerse cargo, de alguna manera debemos ser integrantes activos del lugar que habitamos, de alguna manera debemos incorporar en nuestra cotidianidad el sentido de pertenencia y desde esa comarca mirar y abrazar el mundo. El trabajo de Angélica Romero lo logra, queda de manifiesto en las 12 esculturas que nos entrega en esta exposición, porque hay magia en ellas; magia y poesía, dos aspectos tan necesarios en estos tiempos en donde estamos bombardeados por destellos fugaces de abstracciones irresolutas y amalgamas medio huérfanas. Ella, logra transitar por el camino más olvidado. En este momento preciso de nuestra historia Ella valientemente nos recuerda que los árboles para tener copas primero deben tener raíces.

** Publicada en Revista Radio Seis

martes, agosto 9

Manual de Ambigüedades de Daniel Carrillo, la razón tras los cuentos.

La idea de enfrentarse a un Manual de Ambigüedades resulta por lo menos tentadora y útil por cierto, diría; mucho más útil que un manual de Carreño, finalmente ¿a quién le importa qué copa se debe usar para tal o cual bebida?. Este conjunto de cuentos, cuidadosamente escogidos para un cometido especial; (salvar al lector de situaciones extraordinarias) son una perspicaz guía para aprender a vivir con la rutina, para ser fuerte frente a las tentaciones mundanas de querer salir de la moda del “shileno medio”. Daniel Carrillo en los 32 cuentos que nos presenta, da cuenta de lo que somos, pero sin ninguna pretensión, todo es por si acaso. El autor no pretende hacer una radiografía exhaustiva de cómo somos los shilenos, pero de alguna manera lo logra; sobre todo en los micro cuentos, textos brevísimos que lograrán desencajar las almidonadas vidas de los posibles lectores.
Pero más allá de las auspiciosas o desventuradas reflexiones en torno a este conjunto de cuentos, es necesario poner sobre la mesa un tema; el lujo desventurado de la autoedición. En nuestro país autoeditar un libro no es una tarea tan fácil, hay miles de detalles que se pierden en el camino, y hay una suma no despreciable de dinero que sale del propio bolsillo del escritor. A eso hay que sumarle la gestión de venta, la lucha con las librerías para lograr poner el libro en sus vitrinas y que pueda estar al lado “compitiendo” con las mega-empresas que son las editoriales tradicionales, las que le entregan al escritor sólo el 10 % de las ventas de sus libros, quedándose ellas con el 90% de las ganancias.
Entonces surgen los interminables cuestionamientos; en un país donde se lee poco, donde además los libros son caros y donde la piratería posiciona los best seller en el top del ranking; se preguntarán ustedes ¿qué sentido tiene autoeditar un libro?. La autoedición de un libro es el primer paso para crear una cultura lectora, realmente interesada en la literatura y no en el snobismo/arribismo que nos presenta cada fin de semana la revista de libros de El Mercurio, en donde claro, nunca podremos encontrar a un Daniel Carrillo en esa lista de Libros más vendidos, pero si a un Jaime Bayly atentando contra lo más sensible que tienen algunos chilenos: su orgullo. La cuestión es que autoeditar es necesario y es de valientes, porque la batalla, contrariamente a lo que muchos creen, no es pelear contra las grandes editoriales, como Seix Barral, Alfaguara, Planeta, la batalla es ganarle a la desidia de leer, comenzar a gestar desde el primer beso con las letras, una cultura lectora.

Manual de Ambigüedades es el primer libro de Daniel Carrillo, es su salida del closet literario, como alguna vez lo denominamos, y aunque siempre le he reprochado que haya preferido escribir narrativa a poesía, hoy estoy consiguiendo comprender ese fenómeno y esa decisión. En esta segunda lectura que realizo al libro logro encontrar el vértice que articula su trabajo como cuentista, y es que es claro; el oficio, su oficio es, esa manía de escribir como simple mortal. .-Me dejaste sin palabras.- Mintió

** Publicado en revista Radioseis.

domingo, junio 6

Karra Maw’n de Clemente Riedemann: Las metáforas son siempre certeras.

Situarse en plena fertilidad de tierra, cuando ha pasado tanto tiempo, cuando casi todas las líneas han sido desdibujadas, cuesta, cuesta abrirse paso hacia el tallo a punta de ondasmagnéticas y sequía de aire provocada por los electrodomésticos, pero acá estoy, desperezándome, abriendo el libro que enrostrara lo que somos; Karra Maw’n
(Ed.  Alborada, Valdivia 1984 )de Clemente Riedemann. Este es ciertamente un libro clave dentro de la poesía del sur de Chile pues sin duda alguna es sustancial para lo que se denomina antropología poética, hay en estas hojas escritas de poesía y verdad una necesidad de comprender este hibridaje que somos. La configuración del discurso de Karra Maw’n se dispone a partir de elementos trascendentales como la historia y la lengua propia de los mapuches conformando así un croquis convergente de nuestra pluralidad, la que se manifiesta claramente en los distintos discursos, discursos con cargas culturales que se enfrentan constantemente;

“… cuando vieron muchos hierros y caballos
¡WINKA! – dijeron,
¡KIÑE PATAKA WINKA PIKUNPÛLE! – DIJERON,
Y fueron a consultar al guardador de secretos y leyendas:
“NIELOL DUGUTUM TRALKAN”
Y sintieron temor.”
La primera parte de Karra Maw’n nos transporta a ese lugar idílico en donde se aloja el mundo antes de la llegada de los españoles, el mundo antes de la contaminación el mundo de Karra Maw’ n que en mapudungu significa  “el lugar de la lluvia

“No era baldía aquella tierra
Bastaba con mirarla, sostenidamente
durante tres o cuatro lunas
y reventaban en los tallos las metáforas
Apenas con poner
un gramo de roja tierra en la palma de la mano
acontecían cerezas.
Hablar en mapudungu,
murmurar apenas la lengua de la tierra
era hacer vibrar en el aire
la canción de la tierra.
Poesía hermética para el académico.
Poesía elemental para el habitante de la ruka:
como respirar de cara al puelche
o sacar peces del estero.”
Karra Maw’n posiciona al lector frente a una pantalla de cine por donde se va contando la historia, primero el pueblo araucano, la tierra, la fertilidad, luego la llegada del winka, la sangre vertida, todo frente a nosotros pasa, pero ¿cuánto estamos dispuestos a aceptar de esas imágenes a la que nos remite la lectura? el pasado, es persistente y los discursos son irreconciliables, incluso hoy en día, esa es quizás la mayor significancia que posea este libro porque con él se despliega nuestra herida más grande, la lengua, cómo fuimos perdiendo una lengua, cómo fuimos ganando otra, cómo fuimos creciendo escuchando otras más, y es que somos esa infusión de hierbas al amanecer.
Riedemann logra crear una atmósfera sorprendente, nos envuelve, nos toca, nos lastima a veces, pero nos abraza también, Karra Maw’n es un espacio simbólico de nuestro propio trayecto, nuestra historia emplazada en el sur de Chile, caótica historia, violenta historia, historia de Sur.

“Primero estuvo el barro, después hubo adoquines:
Miles de esos cuadrados impertérritos
Que aun perviven en las calles más oscuras.
Pero quedó la fiebre debajo.
Debajo está el sudor y la peste,
el primer azadón quebrado en la cancahua.
El martillo y el serrucho están debajo,
debajo quedó también el sueño
(Si levantaras un adoquín entre tus manos
verías los ojos del colono
mirarte desde el fondo del oscuro cuadrado).”

Ciertamente no se puede pasar de este poemario, hay que abrirse a este mundo, que no es muy distinto a este presente, quise esta vez esbozar apenas lo que significa comprender nuestra pluralidad con la que ahora vivimos, con la que crecimos y de la que somos parte, Karra Maw’n de Clemente Riedemann no solo lo esboza, sino que lo enrostra, lo grita sin cobardía y el lector se queda absorto como frente al espejo por las mañanas.
Texto publicado en el 4° número de Revista Trepidante 2010

jueves, febrero 4

Aliwenko


Dicen que las personas están marcadas por las líneas de la mano, que las almas son viejas cuando estas son muy intensas. Ella no sabe realmente si su alma pueda caber en sus manos, de hecho, ni siquiera lo piensa, pero hay algo que la distingue de los demás, un dejo, una especie de calma absoluta que la ronda cuando pasa las tardes en su jardín.
Esa mañana, la siguiente de la celebración, despertó ausente, lánguida por el sueño. Algo dolía adentro, algo se indignaba mientras iba atendiendo los almácigos de sus flores, algo le rasgaba la espalda, le ardían sus pómulos altos, le pesaba el pelo negro.
En el instante justo en que rozó una espina, comenzó a diluirse, sentía su cuerpo húmedo, no lloraba pero brotaban lágrimas de sus ojos, quiso sentarse en medio del charco que había dejado, pero no pudo caminar, sus pies se habían convertido en un hilillo de agua que cruzaba el jardín y se iba directo al río, intentó estirar sus brazos hacia las calas y descubrió que de sus manos salían ramas y raíces, que las líneas, esas marcadas que tenía, se iban convirtiendo poco a poco en un espeso ramaje, sus extremidades ya no existían, su sexo era líquido, toda ella era líquida.
La noche que sucedía a esa tarde estaba calma, secreta entre los tulipanes, jazmines y algún caracol inquieto.
Ella ya no existía, la médula de sus huesos se había vuelto savia, las líneas de sus manos se abrieron en un ramaje frondoso y blanco, ahí estaba en medio del riachuelo, alzado sobre el agua, ya no dolían las heridas de su historia, ahora su historia vivía en cada ramaje/vena, se convirtió en el árbol sagrado que guarda las lágrimas de sus antepasados.
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