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jueves, septiembre 25

De nuestro tema



                              
 










  a Vladimir Mayakovski

Me ves desde ese rincón absoluto, aéreo
investigas mi llaga doliente
y te afanas en el relieve de mi ojo movedizo
en mis manos quebradas que escriben
te preguntas por qué no estoy afuera
en la calle,
sellando el pacto que antes fuera nuestro
por que no estoy en parques
abofeteando el desarraigo
Me provocas
a la unión con el verso terrible
me increpas por no volverme boca
por no ser lengua entera de la boca que se escapa a los besos
a los rostros cansinos, borrados de turno.
Yo  tampoco comprendo mucho estas
páginas atroces
las miradas en serie
los colegios en llamas
ESTUPIDEZ GRITO!!!
el delirio me niega tres veces como a un cristo
y la cárcel se abre paso ante los perros de siempre
detengo al destino flojo
dos, tres pasos antes del latido final
te llamo padre, amor, aullido te llamo
“¡del corazón a la sien!” me regalaste ese tema
confesaste su nombre en trueno
Yo llevo ahora las riendas del día
y martillo tu voz en las nucas del tiempo

domingo, junio 17

Mínima Dosis

“Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento”
Tango (Naranjo en flor)

Dos meses antes de su muerte encontré por fin el primer film de Pina Bausch, y hasta donde tengo entendido el único “Die Klage der Kaiserin” (El lamento de la Emperatriz); lo revisé detenidamente, observé cauta cada movimiento, cada pedazo de cuerpo humano moviéndose a tiempo y a contra, pero hubo una imagen que me cautivó, que me sostuvo presa del casi sortilegio por varios minutos, una tela blanca agitándose por una mujer sin rostro sobre un fondo negro, luego Pina Bausch en una suerte de pecera quebrándose doliente y bella frente al lamento del agua; recordé enseguida un verso de Malú Urriola que adoro hasta estos segundos: “…Y por cargar este deforme destino he aprendido a desprenderme de las gentes / como se desprenden las plumas de los pájaros, las palabras de las palabras y las hojas del viento.”. Y es que creo que la misma esencia poética hay en “Bracea” (LOM, 2007) y en ese fragmento del film de Pina Bausch, ese querer huir a fuerza de pura rabia y melancolía, esa pequeñísima fracción de segundo en que el desequilibrio es refugio sublime; porque querámoslo o no, es lo único verdadero que nos va quedando.
A medida que me voy adentrando en la lectura de “Bracea”, voy encontrando ese desequilibrio, esa bondad mágica de la palabra descarnada, de las imágenes vueltas a los ojos desnudos, para abofetearnos en la mirada débil “Cuando la vi supe con esa certeza incierta que era un reflejo de esta vida que he sobrevivido, escuchando risotadas a mis espaldas, mientras me alejo caminando con mis tres piernas”. De pronto, y casi sin darme cuenta, estoy envuelta en un mundo sorprendente, acá no hay seres mitológicos, aunque bien podrían serlo, hay personajes y situaciones monstruosas sobrellevando un cotidiano que aterra pero que de igual forma conmueve.  Hermanas siamesas compartiendo un corazón, un hombre con medio cuerpo y otros con una tercera pierna, dos madres y un padre, un perro moribundo tras la furia del tren; imágenes paralelas a la línea de la belleza, todo un mundo hermosamente perturbado por la fracción de segundos que hace de la locura la perfecta esquina para situarse a observar las páginas de este libro; y es que hay que distanciarse de la razón, hay que huir de ella como huyen las perdices del ojo humano, sólo de esa forma nos reconoceremos  en la poética de este libro “La vida es un animal que muta todos los días. Y una piensa que los días son los mismos, iguales. Pero yo veo a la vida todos los días y casi nunca un día ha sido igual a otro. Ni una noche, ni una tarde”.
Es igual que en ese fragmento de la película de Pina Bausch, es esa misma sensación de espanto y ternura; es sólo el acto de quedarse con la pupila pegada a un movimiento y saber que ese mínimo espacio contiene todo el delirio aprisionado en el cuerpo. Una mujer sin rostro hace girar en ella misma una tela blanca sobre un fondo negro. Una bailarina quiere terminar de danzar en el agua detenida de una pecera. Unas hermanas siamesas conocen y prueban el amor, la pena, el desarraigo. Dos niñas buscan igual que la bailarina ese sueño de agua, volverse líquida por un instante y bracear y fluir en la voluptuosidad “Nuestro cuerpo es como un corcho abandonado a los requerimientos sensibles de las aguas./ Nada tan desconocido, tampoco. La vida en tierra también me hacía flotar como una hoja abandonada a los requerimientos de la vida”

Bracea de Malú Urriola y Die Klage der Kaiserin de Pina Bausch llevan consigo esa senda dibujada de la gota de lluvia en la ventana, el camino imaginado que se debe seguir por lo menos una vez en la vida para después andar sin pensamiento, como propone el tango, hay que adentrarse sin miedo al desequilibrio, hay que beber una mínima dosis de locura, sólo en ella es posible reconocerse en los espejos de medianoche, sin temor al puñetazo en mitad del pecho.

Texto publicado en Revista Babuino. 2011

domingo, junio 6

Karra Maw’n de Clemente Riedemann: Las metáforas son siempre certeras.

Situarse en plena fertilidad de tierra, cuando ha pasado tanto tiempo, cuando casi todas las líneas han sido desdibujadas, cuesta, cuesta abrirse paso hacia el tallo a punta de ondasmagnéticas y sequía de aire provocada por los electrodomésticos, pero acá estoy, desperezándome, abriendo el libro que enrostrara lo que somos; Karra Maw’n
(Ed.  Alborada, Valdivia 1984 )de Clemente Riedemann. Este es ciertamente un libro clave dentro de la poesía del sur de Chile pues sin duda alguna es sustancial para lo que se denomina antropología poética, hay en estas hojas escritas de poesía y verdad una necesidad de comprender este hibridaje que somos. La configuración del discurso de Karra Maw’n se dispone a partir de elementos trascendentales como la historia y la lengua propia de los mapuches conformando así un croquis convergente de nuestra pluralidad, la que se manifiesta claramente en los distintos discursos, discursos con cargas culturales que se enfrentan constantemente;

“… cuando vieron muchos hierros y caballos
¡WINKA! – dijeron,
¡KIÑE PATAKA WINKA PIKUNPÛLE! – DIJERON,
Y fueron a consultar al guardador de secretos y leyendas:
“NIELOL DUGUTUM TRALKAN”
Y sintieron temor.”
La primera parte de Karra Maw’n nos transporta a ese lugar idílico en donde se aloja el mundo antes de la llegada de los españoles, el mundo antes de la contaminación el mundo de Karra Maw’ n que en mapudungu significa  “el lugar de la lluvia

“No era baldía aquella tierra
Bastaba con mirarla, sostenidamente
durante tres o cuatro lunas
y reventaban en los tallos las metáforas
Apenas con poner
un gramo de roja tierra en la palma de la mano
acontecían cerezas.
Hablar en mapudungu,
murmurar apenas la lengua de la tierra
era hacer vibrar en el aire
la canción de la tierra.
Poesía hermética para el académico.
Poesía elemental para el habitante de la ruka:
como respirar de cara al puelche
o sacar peces del estero.”
Karra Maw’n posiciona al lector frente a una pantalla de cine por donde se va contando la historia, primero el pueblo araucano, la tierra, la fertilidad, luego la llegada del winka, la sangre vertida, todo frente a nosotros pasa, pero ¿cuánto estamos dispuestos a aceptar de esas imágenes a la que nos remite la lectura? el pasado, es persistente y los discursos son irreconciliables, incluso hoy en día, esa es quizás la mayor significancia que posea este libro porque con él se despliega nuestra herida más grande, la lengua, cómo fuimos perdiendo una lengua, cómo fuimos ganando otra, cómo fuimos creciendo escuchando otras más, y es que somos esa infusión de hierbas al amanecer.
Riedemann logra crear una atmósfera sorprendente, nos envuelve, nos toca, nos lastima a veces, pero nos abraza también, Karra Maw’n es un espacio simbólico de nuestro propio trayecto, nuestra historia emplazada en el sur de Chile, caótica historia, violenta historia, historia de Sur.

“Primero estuvo el barro, después hubo adoquines:
Miles de esos cuadrados impertérritos
Que aun perviven en las calles más oscuras.
Pero quedó la fiebre debajo.
Debajo está el sudor y la peste,
el primer azadón quebrado en la cancahua.
El martillo y el serrucho están debajo,
debajo quedó también el sueño
(Si levantaras un adoquín entre tus manos
verías los ojos del colono
mirarte desde el fondo del oscuro cuadrado).”

Ciertamente no se puede pasar de este poemario, hay que abrirse a este mundo, que no es muy distinto a este presente, quise esta vez esbozar apenas lo que significa comprender nuestra pluralidad con la que ahora vivimos, con la que crecimos y de la que somos parte, Karra Maw’n de Clemente Riedemann no solo lo esboza, sino que lo enrostra, lo grita sin cobardía y el lector se queda absorto como frente al espejo por las mañanas.
Texto publicado en el 4° número de Revista Trepidante 2010