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jueves, julio 3

sobre Kiltros de Javier Milanca

Para los entendidos en la materia un Kiltro es un perro sin pedigree, una mezcla de razas, un mestizo. Para los no tan entendidos un kiltro es un perro fiel, uno que te sigue en todas, de esos que “apañan” a toda hora, en cada momento; de esos que están en cualquier lugar; menos en el centro.
Abro la ventana entonces y a primera página, aparece la escena casi divina de la provincia, pero no de esa pintada en cuadros de acuarelas, no de esa provincia medio ajena que nos predispone casi a un paréntesis medio etéreos o por lo menos demasiado lisonjeros. Hablo de la provincia de verdad, de esa secreta mixtura que se mueve entre lo lúdico, lo misterioso y lo terrenal, como los cantos a lo humano y lo divino.
En Kiltros de Javier Milanca encontramos ese manejo insondable del folclore, hay en este libro de cuentos esa nomenclatura perfecta entre la audacia y la inocencia; nomenclatura que nos lleva necesariamente a una poesía deslenguada y cercana, pero ojo, no cercana para cualquiera, sino que cercana para nosotros, porque acá la palabra se abre como caña de tinto en las mañanas, y quien no entienda esa metáfora es porque simplemente no conoce de periferias, porque querámoslo o no, ser de provincia es estar en la periferia y hay que siempre alzar la diferencia como bandera de lucha y Milanca logra en este libro enrostrar esa diferencia como común denominador de lo que llamamos diversidad cultural, porque acá no se habla solo desde ese matiz pintoresco, acá se propone a la deriva, a la esquina, como espacio simbólico de pensamiento y sobrevivencia.
Hablar de la narrativa de Javier Milanca, es hablar de condimento puro, hay sabores más allá de la piel que se agitan en la cabeza lectora y descuelgan desde la misma en racimos de inquietantes ideas, hay orgullo en estas páginas escritas, hay identidad gatillando cuestionamientos, impugnando certezas, hay una voz concreta que se abre paso entre bosques y cementos para gritar desde sus propios vértices sanguíneos que existe, que está ahí, que dice y que construye con la palabra, porque acá no hay paralelismos de tiempo ni de espacio, acá hay una realidad, cruda y desafiante y desde ese cariz Kiltros de Javier Milanca toma ribetes trascendentales dentro de la narrativa del sur de Chile, no solo por la temática de los cuentos, si no también por los epígrafes que van de alguna manera guiando la lectura hacia otras esferas de comprensión; las que no tienen solamente que ver con una apreciación estética de la obra, sino más bien con una apreciación histórica y social de esta. 
Quien canta su mal espanta, canta Francesca Ancarola, quien escribe su mal, lo hace desde la desvergonzada certeza de saber que hay otros acompañando la ruta, que hay otros kiltros fieles abalanzándose en contra de esa rarísima idea de progreso que nos envuelve, mientras los otros los de raza fina pasan sus días despellejándose en paseos de mall y juegos de ruleta en el casino. 
Abra usted lector estas páginas de greda y reconozca en ellas cuánto de mestizo hay en su alma. Pero tenga cuidado; no vaya a ser que Javier Milanca lo pille confesado y recuerde siempre, el pedigree corre peligro. 

**(presentación del libro: Los Lagos, abril 23 de 2010)

lunes, junio 16

En 20 años no todo ha sido pincel: micro-acercamiento a las obras collage de Samuel Lizama.

Podríamos comparar la obra de Samuel Lizama con una explosión, un estallido en donde las esquirlas de color saltan por sobre los ropajes e inundan los ojos acostumbrados al gris perla que nos trae la lluvia. En 20 años de creación ha sido capaz de denunciar, inquirir, amar, jugar y hasta profetizar y todo en un constante movimiento. Este año 2014 a dos años de que Valdivia sea Capital Cultural de Latinoamérica, Samuel Lizama celebra su absoluta mayoría de edad con una exposición al mes. Este mes, junio el turno es de la Biblioteca de la Universidad San Sebastián pero acá no solo son pinturas, la exposición contempla una serie de collages, una faceta distinta a la que nos tiene acostumbrados el pintor; no hay un nombre específico que aúne este inserto, pero si un hilo conductor, la sexualidad y el arte, enfrentados en la misma baraja de naipes.
Desde mi ojo irresoluto en cuánto a crítica de arte se refiere, este grupo de collages me resulta particularmente intenso, hay una serie de discursos silenciosos que abren su paso en medio del silencio bibliotecario en donde están expuestos. El eros representado en la constancia de una braga femenina, la torpeza de quien hace del arte un despropósito, la denuncia del dogma como camino, son todos discursos que se escapan sigilosos, pero que están ahí, merodeando, metiéndose en la retina de quién observa. Lo cierto es que Samuel Lizama en esta muestra nos lleva a un escenario distinto, el estallido de color del que hablaba en un principio se guarda y sale a la luz esta otra forma, alejada del pincel, una forma más ovillada, más mental si se quiere, porque hace que uno en su fuero interno rumie las imágenes superpuestas aparte y en silencio.
Dos años quedan para que Valdivia sea galardonada como Capital cultural de Latinoamérica, francamente no sé muy bien a qué atiende tal título, francamente no sé muy bien qué hace o qué debe hacer una capital cultural, lo que sí creo feha
cientemente es que Valdivia lo merece, todas las semanas la agenda cultural está copada de actividades, cada una tiene su público en mayor o menor medida, cada una es un escape o una respuesta a algo en particular; el mismo “Samy” nos tiene acostumbrados a hablar de inauguraciones y exposiciones y, nos tiene acostumbrados también, a ver arte en donde no siempre hay arte, lo concreto y lo rescatable (a dos años) es que estamos avanzando en términos de “educación artística” para la población, creer y pensar una ciudad cultural que sólo ofrece actividades para un sector determinado es un desatino; el pintor, en 20 años de creación así lo ha manifestado y creo que somos varios quienes nos abanderamos con la idea de que el arte debe llegar a todas partes, a toda profundidad, a toda anchura, a toda angostura y altura de esta Valdivia Capital Cultural.

**Publicada en revista Radio Seis

martes, junio 10

Él Sur como ofrenda en la Matriz de Camilo Eque

El escenario iluminando los instrumentos mudos, eso a primera vuelta de rueda mientras el teatro se va llenando de gente que quiere, como yo, ver a Camilo en su nueva etapa. La puesta en escena es impecable, tanto que de ponto genera nervio o impaciencia más bien, finalmente Camilo Eque y Barrio Sur entran al escenario y evidentemente sorprende.
Su voz no ha cambiado en profundidad pero si en altura, se planta en el escenario como un álamo en medio del bosque; así también Barrio Sur, la banda que lo acompaña es el ramaje preciso para, de una vez, situarse y desde esa altura recorrer el camino. Todo el trabajo de este nuevo disco tiene un sonido distinto a su primer trabajo, un sonido más fresco, pero no menos reflexivo. Es indudable que lo que Camilo Eque nos entrega es el resultado de un proceso de compromiso y madurez, y eso se nota desde la primera vista en la atmósfera que trae consigo. Con esta banda (Barrio Sur) la fusión latinoamericana se torna protagonista, y ciertamente se agradece, ya no es sólo una voz y su guitarra, ya sale de los parámetros establecidos para lo que a cantautores estamos acostumbrados; el ensamble genera el espacio y la calidez necesaria para estacionarse y desde esa estación iniciar la constante búsqueda. La mixtura de ritmos, que van desde el folclor hasta el jazz fusión demuestran que en la Matriz todo suma y nada debe ser restado; Camilo Eque en este disco y con Barrio Sur como su banda gana mucho musicalmente, a ratos me recordó los discos más eclécticos de Javier Limón. Barrio Sur es la ventana abierta desde donde el aire se oxigena.
Sentada en medio del teatro, conociendo el nuevo disco, atendía a sus nuevas letras en donde reconocí muchas voces y es que la literatura, la poesía, no pasan desapercibidas, todo es un devenir de imágenes y de intertextualidades desde donde se crea el mito. No es para nada casualidad que Jorge Teillier forme parte de una de sus canciones, o que Marcelo Nilo cante con él, o que sea capaz de afirmar que viene a saltar del corazón a la palabra. Camilo Eque ofrenda al sur, a nuestro Sur, al sur que vivimos todos los días, lo ofrenda porque esta es la vereda desde donde canta, es desde este lugar donde se reconoce, nos reconoce y reconoce también el mundo; “describe tu aldea y describirás el mundo” es una reconocida máxima de Tolstoi y ciertamente lo logra, logra abrazar la historia musical, la historia del Lar en la poesía y comenzar su viaje y logra por sobre todas las cosas hacer que cada uno inicie su viaje, él como un cuentacuentos recibe el camino heredado y lo inunda con sus propias lluvias; Camilo desde la misma vereda donde estamos situados todos en el Sur, hoy, con su banda, se planta como álamo en medio del bosque y crece.

** Publicada en Revista Radio Seis bajo el pseudónimo de Liliana Y.

martes, noviembre 29

En defensa de la selva valdiviana, aproximaciones escultóricas para transitar otros caminos



Abordar una temática como la naturaleza en el arte suele ser repetitivo, un lugar común en donde lo figurativo es igual a nada, pensando que nada es igual a sin intención; entonces se piensa en ese verso tan renombrado de Huidobro, para qué cantáis la rosa oh poetas/ hacerla florecer en el poema... lo cierto es que hay veces que lo figurativo cansa, pero hay otras en que realmente deslumbra, conmueve.
Por la tarde del jueves 17 de noviembre se inauguró la exposición de esculturas; En defensa de la selva Valdiviana de Angélica Romero; a primera vista muchos animales, ojos enormes, colas, orejas, colores de maderas, olor a mañío, laurel, alerce; ya en un segundo paso la interacción es inevitable, tocar, acariciar, olfatear, sentir cada espacio de la gubia en los pliegues de las maderas expuestas. Entonces se hace necesario reflexionar en torno a la creación, a esa creación secreta, íntima, que nace en las cuatro paredes de un taller, porqué el único conductor que existe entre la intencionalidad del artista y el espectador es la emocionalidad que transmite el objeto artístico, por lo menos es lo que se pide cuando se entra a una exposición o se escucha un disco musical o se lee un libro. “El artista es la mano que, mediante una y otra tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana.” estableció Kandinsky hace varias décadas atrás y es eso lo que justamente encontramos en las esculturas de Angélica Romero porque no solamente vemos reproducciones de figuras animales, si no que visualizamos respeto, denuncia, entrega, valentía y compromiso con toda la energía natural que nos envuelve, y es que no hay que olvidar que habitamos Valdivia, que convivimos con hualves y frondosidades fantásticas y de eso hay que hacerse cargo, de alguna manera debemos ser integrantes activos del lugar que habitamos, de alguna manera debemos incorporar en nuestra cotidianidad el sentido de pertenencia y desde esa comarca mirar y abrazar el mundo. El trabajo de Angélica Romero lo logra, queda de manifiesto en las 12 esculturas que nos entrega en esta exposición, porque hay magia en ellas; magia y poesía, dos aspectos tan necesarios en estos tiempos en donde estamos bombardeados por destellos fugaces de abstracciones irresolutas y amalgamas medio huérfanas. Ella, logra transitar por el camino más olvidado. En este momento preciso de nuestra historia Ella valientemente nos recuerda que los árboles para tener copas primero deben tener raíces.

** Publicada en Revista Radio Seis

martes, agosto 9

Manual de Ambigüedades de Daniel Carrillo, la razón tras los cuentos.

La idea de enfrentarse a un Manual de Ambigüedades resulta por lo menos tentadora y útil por cierto, diría; mucho más útil que un manual de Carreño, finalmente ¿a quién le importa qué copa se debe usar para tal o cual bebida?. Este conjunto de cuentos, cuidadosamente escogidos para un cometido especial; (salvar al lector de situaciones extraordinarias) son una perspicaz guía para aprender a vivir con la rutina, para ser fuerte frente a las tentaciones mundanas de querer salir de la moda del “shileno medio”. Daniel Carrillo en los 32 cuentos que nos presenta, da cuenta de lo que somos, pero sin ninguna pretensión, todo es por si acaso. El autor no pretende hacer una radiografía exhaustiva de cómo somos los shilenos, pero de alguna manera lo logra; sobre todo en los micro cuentos, textos brevísimos que lograrán desencajar las almidonadas vidas de los posibles lectores.
Pero más allá de las auspiciosas o desventuradas reflexiones en torno a este conjunto de cuentos, es necesario poner sobre la mesa un tema; el lujo desventurado de la autoedición. En nuestro país autoeditar un libro no es una tarea tan fácil, hay miles de detalles que se pierden en el camino, y hay una suma no despreciable de dinero que sale del propio bolsillo del escritor. A eso hay que sumarle la gestión de venta, la lucha con las librerías para lograr poner el libro en sus vitrinas y que pueda estar al lado “compitiendo” con las mega-empresas que son las editoriales tradicionales, las que le entregan al escritor sólo el 10 % de las ventas de sus libros, quedándose ellas con el 90% de las ganancias.
Entonces surgen los interminables cuestionamientos; en un país donde se lee poco, donde además los libros son caros y donde la piratería posiciona los best seller en el top del ranking; se preguntarán ustedes ¿qué sentido tiene autoeditar un libro?. La autoedición de un libro es el primer paso para crear una cultura lectora, realmente interesada en la literatura y no en el snobismo/arribismo que nos presenta cada fin de semana la revista de libros de El Mercurio, en donde claro, nunca podremos encontrar a un Daniel Carrillo en esa lista de Libros más vendidos, pero si a un Jaime Bayly atentando contra lo más sensible que tienen algunos chilenos: su orgullo. La cuestión es que autoeditar es necesario y es de valientes, porque la batalla, contrariamente a lo que muchos creen, no es pelear contra las grandes editoriales, como Seix Barral, Alfaguara, Planeta, la batalla es ganarle a la desidia de leer, comenzar a gestar desde el primer beso con las letras, una cultura lectora.

Manual de Ambigüedades es el primer libro de Daniel Carrillo, es su salida del closet literario, como alguna vez lo denominamos, y aunque siempre le he reprochado que haya preferido escribir narrativa a poesía, hoy estoy consiguiendo comprender ese fenómeno y esa decisión. En esta segunda lectura que realizo al libro logro encontrar el vértice que articula su trabajo como cuentista, y es que es claro; el oficio, su oficio es, esa manía de escribir como simple mortal. .-Me dejaste sin palabras.- Mintió

** Publicado en revista Radioseis.