En medio del jardín eras silencio
mi pequeña bestia guardadora de secretos
A veces me quedo sintiendo tu presencia
y te admiro
porque fuiste hermana hembra profunda y honesta
te admiro
Por la tarde del jueves 17 de noviembre se inauguró la exposición de esculturas; En defensa de la selva Valdiviana de Angélica Romero; a primera vista muchos animales, ojos enormes, colas, orejas, colores de maderas, olor a mañío, laurel, alerce; ya en un segundo paso la interacción es inevitable, tocar, acariciar, olfatear, sentir cada espacio de la gubia en los pliegues de las maderas expuestas. Entonces se hace necesario reflexionar en torno a la creación, a esa creación secreta, íntima, que nace en las cuatro paredes de un taller, porqué el único conductor que existe entre la intencionalidad del artista y el espectador es la emocionalidad que transmite el objeto artístico, por lo menos es lo que se pide cuando se entra a una exposición o se escucha un disco musical o se lee un libro. “El artista es la mano que, mediante una y otra tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana.” estableció Kandinsky hace varias décadas atrás y es eso lo que justamente encontramos en las esculturas de Angélica Romero porque no solamente vemos reproducciones de figuras animales, si no que visualizamos respeto, denuncia, entrega, valentía y compromiso con toda la energía natural que nos envuelve, y es que no hay que olvidar que habitamos Valdivia, que convivimos con hualves y frondosidades fantásticas y de eso hay que hacerse cargo, de alguna manera debemos ser integrantes activos del lugar que habitamos, de alguna manera debemos incorporar en nuestra cotidianidad el sentido de pertenencia y desde esa comarca mirar y abrazar el mundo. El trabajo de Angélica Romero lo logra, queda de manifiesto en las 12 esculturas que nos entrega en esta exposición, porque hay magia en ellas; magia y poesía, dos aspectos tan necesarios en estos tiempos en donde estamos bombardeados por destellos fugaces de abstracciones irresolutas y amalgamas medio huérfanas. Ella, logra transitar por el camino más olvidado. En este momento preciso de nuestra historia Ella valientemente nos recuerda que los árboles para tener copas primero deben tener raíces.
La idea de
enfrentarse a un Manual de Ambigüedades resulta por lo menos tentadora y útil
por cierto, diría; mucho más útil que un manual de Carreño, finalmente ¿a quién
le importa qué copa se debe usar para tal o cual bebida?. Este conjunto de
cuentos, cuidadosamente escogidos para un cometido especial; (salvar al lector de situaciones extraordinarias)
son una perspicaz guía para aprender a vivir con la rutina, para ser fuerte frente
a las tentaciones mundanas de querer salir de la moda del “shileno medio”.
Daniel Carrillo en los 32 cuentos que nos presenta, da cuenta de lo que somos,
pero sin ninguna pretensión, todo es por si acaso. El autor no pretende hacer
una radiografía exhaustiva de cómo somos
los shilenos, pero de alguna manera lo logra; sobre todo en los micro
cuentos, textos brevísimos que lograrán desencajar las almidonadas vidas de los
posibles lectores.
Entonces
surgen los interminables cuestionamientos; en un país donde se lee poco, donde
además los libros son caros y donde la piratería posiciona los best seller en
el top del ranking; se preguntarán ustedes ¿qué sentido tiene autoeditar un
libro?. La autoedición de un libro es el primer paso para crear una cultura
lectora, realmente interesada en la literatura y no en el snobismo/arribismo
que nos presenta cada fin de semana la revista de libros de El Mercurio, en
donde claro, nunca podremos encontrar a un Daniel Carrillo en esa lista de Libros más vendidos, pero si a un Jaime Bayly
atentando contra lo más sensible que tienen algunos chilenos: su orgullo. La cuestión es que
autoeditar es necesario y es de valientes, porque la batalla, contrariamente a
lo que muchos creen, no es pelear contra las grandes editoriales, como Seix
Barral, Alfaguara, Planeta, la batalla es ganarle a la desidia de leer,
comenzar a gestar desde el primer beso con las letras, una cultura lectora.
Situarse en plena fertilidad de tierra, cuando ha pasado tanto
tiempo, cuando casi todas las líneas han sido desdibujadas, cuesta, cuesta
abrirse paso hacia el tallo a punta de ondasmagnéticas y sequía de aire
provocada por los electrodomésticos, pero acá estoy, desperezándome, abriendo
el libro que enrostrara lo que somos; Karra Maw’n